PFC – 01
Desde hace muchos siglos la ciudad ha ido creciendo y construyéndose en base a premisas muy contundentes, al principio de carácter defensivo y más tarde de carácter económico, pero muy frecuentemente a base de dualidades.
De las más importantes han sido abierto/cerrado, vacío/lleno y público/privado.
Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, estas tres dualidades no van sino de la mano para construir una aún mayor y mucho más restrictiva para el crecimiento de la ciudad: Vacío-Abierto-Público contra Lleno-Privado-Cerrado.
Es cierto que hay elementos en las ciudades que no responden a esa jerarquía, como edificios institucionales o los propios dotacionales, pero por desgracia no son lo suficientemente importantes como para conformar ciudad, salvo en casos particulares.
La cuestión que se plantea es si, en una época en la que la sociedad ha cambiado tan drásticamente desde hace décadas hacia ahora, por no hablar de los últimos cinco siglos, no es interesante plantear una nueva revolución en la ciudad del tamaño de las que antaño supusieron el salto de la muralla defensiva o el crecimiento periférico de las ciudades por la revolución industrial.
El caso es que nos dirigimos a un mundo en la que la realidad virtual está cada vez más cerca de la realidad real, pero aunque algún día esta última no hiciera falta, estamos lo suficientemente lejos de ese instante como para poder formar un espacio nuevo, de relación entre ambos mundos.
Más allá de las propuestas inmediatas de plazas wifi o de noches blancas, aunque ambas ideas se han demostrado más que válidas, deberíamos orientar la ciudad hacia un modo de vida antihorario, en el sentido de no tener unos ciclos tan determinados como para que sean implacables los aspectos que conlleva: atascos en horas punta, zonas de la ciudad con un movimiento excesivo y nulo en el mismo día,…
Deberíamos plantear espacios que fueran capaces de estar utilizados todo el día, todo el año. No hablo de edificios polifuncionales, sino de una ciudad que nunca para.
Un mayor equilibrio de uso del lugar podría conllevar una increíble mejora en la vida de sus habitantes. Ello se haría, en parte, apropiándonos de la calle como elemento de uso más allá de cómo vía de desplazamiento entre esos elementos.
Junto a ello, la tecnología empieza a brindar, poco a poco, el poder estar realizando determinadas actividades sin tener que estar en un lugar concreto. Podemos trabajar en el parque, descansar en un local o comunicarnos en la calle.
¿Por qué esos tremendos cambios no han sido absorbidos por la ciudad? ¿Por qué seguimos moviéndonos sobre la antigua retícula y creciendo según angostos ensanches?
Dice el arquitecto John Pawson que su casa es como es porque él es como es. Apliquemos la misma filosofía a las ciudades. Salgamos del urbanismo arcaico para crear unos lugares de vida más allá de la mera construcción edificatoria, creemos ciudades que sean como son sólo porque sus habitantes así lo requieren.


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Mmm… esto lo he leído yo en un ppt… mola, avísame si necesitas lavarle la cara con el logotipo y toda la pesca…