Hace más de sesenta años, Adrian Troadec vio a una chica salir de una clase de música. Dos guerras mundiales después, aún funciona la fábrica de chocolate que abrió para conquistarla.
Entre dos continentes, partidas de ajedrez y notas de violín, Sabor a chocolate es una sinfonía incompleta de amor y de sueños. Una novela tan intensa y adictiva como el mejor chocolate.
COMENTARIO:
De una forma ligera pero intensa, no es una metáfora sino una realidad decir que la lectura de este libro es como el propio chocolate, que hecho de cosas muy sencillas obtiene un resultado único y especialmente intenso. El escritor es capaz de condensar y transmitir la vida de varias generaciones con una velocidad tremenda, pero sin que ello perjudique la historia.
NOTA: 7.5

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