El criterio es el nuevo rey

Soy una persona que lee mucho, quizás no tantos libros como antes, pero sí sigo leyendo. Hoy mientras desayunaba y habiéndome repasado las cosas importantes incluso antes de salir de la cama me he topado con uno de los mejores artículos que he leído en las últimas semanas titulado Access Denied en el que John Herrman escribe muy extensamente, sobre el nuevo paradigma de los medios de comunicación.

Me interesa mucho el tema ya que llevo meses dándome cuenta de que los medios tradicionales, el llamado cuarto poder, cada vez deriva más hacia lo banal del entretenimiento que hacia lo crucial de la información. No es malo entretener, pero si los canales que antes contaban cosas importantes ahora se centran en hacernos reír o sorprendernos, ¿quién nos informará?

Un pollo cruza la carretera y no imaginas lo que sucedió después

El periodista de The Awl da en la clave al contar cómo Facebook, Twitter o Instagram ahora son fuentes de información ya que los propios personajes públicos, sean actores, cantantes, políticos o deportistas, son los que ofrecen esa información. De pronto, los medios han quedado relevados de su función principal, la de contar a sus usuarios cosas que no sabían.

Obviamente que la parte interesada sea la que cuenta algo es siempre motivo de alzamiento de ceja puesto que no van a contar cosas que no quieran que sepamos. Para eso podríamos pensar que la prensa, o la TV, siguen siendo los medios para sacar a la luz esos datos, pero no es así. Por varios motivos.

La brutal crisis económica por la que hemos pasado ha hecho que muchos medios tengan que ser menos beligerantes con según qué compañías o personas para no jugar con la financiación que los mantiene con vida. Por otro lado, por un motivo que se me escapa, otros muchos medios se han transformado en un circo más que en un punto de información, desde platós de TV donde una tertulia política se parece más a un programa de Sálvame que a un debate interesante hasta periódicos donde el clickbaiting es el rey. Ver lo más leído de cualquier publicación española hace que den ganas de llorar.

Si por un lado los medios ya no son, en mi opinión, actores creíbles, y por otro sabemos que no podemos creernos todo lo que nos cuenten los protagonistas, ¿qué nos queda?

El criterio es el nuevo rey

En lo que a mi respecta cada vez estoy prestando más atención a personas en las que, por un criterio u otro, confío. Recuerdo que la primera vez que me di cuenta de esto fue leyendo a Jordi Pérez Colomé, un periodista que en aquel momento se centraba en la política estadounidense de Obama en su blog. Tras muchos artículos leídos me transmitió la impresión de que era una persona honesta. A día de hoy lo sigo leyendo allí donde escribe, aunque el medio en cuestión no me transmita credibilidad.

También me ha pasado con Pablo Simón, un politólogo al que conocí en Politikon, uno de los proyectos más frescos de los últimos años, y al que también he visto en alguna colaboración en televisión.

Hay más personas, gente como Antonio Ortiz, experto en tecnología, en las que confío porque su opinión me parece fundamentada y equilibrada.

Obviamente esto no quiere decir, ni de lejos, que esté de acuerdo con todo lo que dicen o escriben pero es que eso es lo más interesante, estar abierto a que gente que consideras capaz sea lo suficientemente buena como para hacerte aprender algo, quizás cambiando de opinión, quizás no, eso es casi irrelevante.

Y es eso, la opinión, lo que creo que salvará, aunque no sé si de forma masiva, a los medios de comunicación. Hay personas con una capacidad crítica y de empatía lo suficientemente elevadas como para que su trabajo merezca la pena ser tenido en cuenta.

No necesitamos ya un apartado de Últimas Noticias, las redes sociales siempre serán más rápidas, pero sí que necesitamos un análisis más calmado y una forma de quitar el grano de la paja. El problema es quién va a ser el encargado de eso.

¿Que podemos elegir a las personas equivocadas? Por supuesto, el riesgo siempre está ahí.

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