
Antes de comenzar quiero decir que creo haber pasado por todos los estadios posibles de un votante medio. He votado al PSOE, al PP, a IU, a grupos minoritarios. He votado en blanco. He votado a Espinete y a mi madre. Literalmente.
Actualmente no voto. Soy un anarquista teórico. Para serlo en la práctica tendría que ser mucho más optimista con respecto a la sociedad de lo que soy ahora mismo.
Pero los últimos acontecimientos relacionados con las medidas aprobadas por el gobierno por una lado y las filtraciones de Wikileaks por otro me han hecho plantearme escribir esto.
Por una lado parece evidente que la diferencia entre izquierda y derecha en España es nula. Ambos partidos favorecen a los mercados de forma descarada y con temor. Ambos apoyan a la iglesia católica con miles de millones ya se consideren creyentes o laicos. Ambos hacen recortes sociales aún cuando hay otras opciones. Ambos suben los impuestos de forma especialmente dura para los menos favorecidos.
Y ambos mienten.
En la política nacional (y presupongo que también en la internacional aunque no lo sé) el decir una cosa y hacer radicalmente lo contrario ha pasado de ser algo puntual para salir de un aprieto momentáneo al modo de vida de prácticamente toda la clase dirigente.
Ya no hace falta tener un buen programa si no decir lo que se quiere escuchar y hacer lo que haya que hacer, con grandes dosis de mentira, demagogia y cara dura.
Meto a todos los políticos en este saco: de derechas, de izquierdas, laicos, creyentes, nacionalistas, españolistas, europeístas, euroescépticos, hombre, mujeres, alcaldes, presidentes…
Como toda generalización es errónea, pero el error es menor que si no lo hiciera.
¿Es algo que no se puede cambiar? No lo sé, pero cuando algo abre una brecha, como ha hecho Wikileaks, todos los gobiernos se ponen de acuerdo para censurar, desmentir y acallar esas voces. Como sea. Al precio que sea.
Las acusaciones de violación a su fundador, Julian Assange, que obviamente no tengo modo de saber si son ciertas o no, me han recordado a un capítulo de Expediente X en el que un escritor contacta con Fox Mulder para darle pistas de una conspiración internacional. A los dos días es acusado de pederastia. Cuando Mulder va a echárselo en cara, antes de que diga nada, el escritor dice “¿Qué ha sido esta vez? ¿Pederastia? ¿Acoso sexual?”. Para los estados parece un “modus actuandi” de lo más normal.
La casualidad no existe. Visto está en el tema de los controladores aéreos. No voy a entrar en él en profundidad pero, partiendo de la base de los mucho errores que han cometido durante años, ha sido casualidad que la privatización de Aena esté en el aire, y que se hayan dado ciertos datos por parte del gobierno justo antes de uno de los puentes más importantes del año. Cabeza de turco lo llaman. Y los controladores han picado como novatos.
Por todo ello reconozco que cada vez me da más asco la política. Y los políticos. Y los que los ponen ahí.
Fotografía: RsDay 346 / 365 – All The Rage de xJason Rogersx