Mi generación fue la última decente

A medida que me hago mayor veo más una actitud en jóvenes que durante mi vida sólo había visto en gente mayor que yo, la que da a entender que la generación a la que uno pertenece es la última de la sociedad que mereció la pena y que las que han venido después han ido degenerando cada vez más.

Se le atribuye a Platón la frase:

“¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?”

En realidad podría asignársele a cualquier persona de más de 25 años en algún momento de su vida. Y esto es particular porque por mi edad empiezo a ver cómo gente más joven que yo, de 25 ó 30 años empiezan a mirar a los más jóvenes, de 15 ó 20 años, con cierta altivez e incomprensión, como reprochándoles que no hagan las cosas bien, como ellos.

No se dan cuenta de que mi generación les ve a ellos como ellos ven a los adolescentes ahora y es así como la generación de mis padres vio a la mía y cómo la de mis abuelos vio a la de mis padres.

Aquí entra el concepto de normalidad de cada uno. A una persona de de 70 años puede parecerle mal que una de 50 se haya besado con su pareja sin estar saliendo o comprometidos. A una de 50 le parecerá quizás mal que una de 30 se acueste con una persona sin estar casados. A una de 30 le llamará la atención que una de 13 esté tirándose a todo lo que se mueve por la calle.

La cuestión es que el ser humano parece ser incapaz de empatizar a un nivel que exija un cambio de paradigma por la sociedad o educación. Parece que cuando los patrones neuronales se han establecido en lo que entendemos como madurez mover una idea de ahí es básicamente imposible.

Pero es raro hablar con gente mucho más joven que yo y darme cuenta de que soy mucho más abierto que ellos. Muy raro.

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