Sobre los límites del humor y la inteligencia

Sobre los límites del humor y la inteligencia

Llevo unos días dándole vueltas a un tema que siempre me ha interesado, el que relaciona la inteligencia con la tolerancia. Ser más inteligente es ser más tolerante. Claro que habría que especificar a qué me refiero al decir inteligente.

Con motivo de los atentados en París motivados por la representación de Mahoma en una revista satírica han surgido comentarios, interpretaciones y análisis de si el humor debe o no tener límites así como de que la religión islámica, como la cristiana, debería adaptarse al mundo actual, un mundo en el que, mayormente, no se resuelven las disputas a base de bombas, sino a base de demandas.

Soy una persona bastante dual y suelo hacer de abogado del diablo en una conversación. Digas lo que digas yo pensaré lo contrario. Esto es algo que me sale solo y no busca la polémica, sino todo lo contrario, aprender de mi conversador. Si opto por estar de acuerdo no habrá nada que extraer sino que me reafirmaré siempre en que él lleva razón. Claro, piensa lo mismo que yo.

Pero hay temas en los que me cuesta hacer esto y es cuando empezamos a poner límites a pensamientos e ideas y el de que hay cosas sobre las que no se puede bromear es uno de ellos. Siempre he bromeado sobre todo y eso no quiere decir que no pueda empatizar con ninguna causa, sólo que sé que no hay nada inamovible. La muerte, la raza, las religiones, España, el fútbol, los toros, la política, la moda, el peso, la estética, el trabajo, los clichés… no hay nada sobre lo que no recuerde haber bromeado y eso no es incompatible con tener una opinión de algo.

Volviendo al tema religioso, hace unos días publiqué un vídeo sobre un juego en el canal de Android de FAQsAndroid. Este juego era una aplicación inspirada en una película cómica sobre el mito de que Jesús resucitara a Lázaro de entre los muertos. Pues hubo quien se ofendió por el juego.

Más allá de las creencias de cada uno, o de la falta de las mismas como es mi caso, no entiendo esa facilidad de ofensa de muchas personas cuando le tocas su religión, partido político, equipo de fútbol, ciudad, país o cualquier otro elemento con el que se sienta identificado.

Y termino con el enlace del adjetivo que usaba al inicio. ¿Ser ateo te hace ser más inteligente que un creyente? No, pero permitir el humor sobre cosas en las que tú crees sí que lo hace.

¿#JeSuisCharlie? Va a ser que no, hay que tenerlos muy gordos para atreverse a lo que se atreven ellos semana a semana. Y no todos somos así. Ojalá.

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