Ya no hay individualidad en el arte

Durante toda la historia del hombre, de su arte, la tecnología ha cambiado, a veces más, a veces menos, la forma de crear que teníamos.

Sin embargo, pocas veces, si es que ha habido alguna, hemos estado ante un cambio tan radical como el que ha supuesto la entrada de la electrónica en el proceso artístico.

La copia, esa faceta secundaria que se miraba casi con desprecio, ha pasado no a ser algo protagonista, sino la propia esencia de la creación en tanto que no hay un original que copiar. No hay un elemento primario bajo el cual se subyuguen todas las obras que sólo tenían a bien ser iguales a otra pero careciendo del alma que les dotaba la idea base, la mente del artista. La primera era la obra, las demás, las copias.

Ahora esa dualidad se rompe, deja de existir y toda producción (ya no existe la reproducción) es igual a su antecesora y a su sucesora.

La singularidad, aún buscada por el ser humano, es ahora casi simplemente una parte de una multiplicidad, una de tantas que conforman el todo.

Lo irónico es que al no existir la individualidad como segmentación de lo total cualquier elemento, indistinguible del resto, es ahora esa totalidad. El uno y el muchos ya no son diferentes, son como la cara y la cruz de una sola moneda cuya única diferencia es la elección del espectador a la hora de mirar.

Twitter Facebook Google+

0 comentarios